Opinión

Comunicación

01/05/2018

O la historia la escribimos también las mujeres o ésta agonizará en cunetas de desprecio

Ángela Labordeta de Grandes

Por Ángela Labordeta de Grandes

Secretaria de Comunicación, Imagen y Redes Sociales

El futuro será feminista o no lo será y las mujeres, que a lo largo de estas últimas semanas y meses hemos dicho basta a una sociedad patriarcal que nos ha insultado y humillado a lo largo de décadas, lo tenemos muy claro y en ese sentido partidos como Ciudadano o el Partido Popular, que en las fechas cercanas al 8 de marzo expusieron su tibieza y volvieron a tratar a la mujer como si fuera una consentida que hacía una huelga sin sentido y sin reivindicación, se han equivocado, y las mujeres les recordaremos (a todos) que la revolución del siglo XXI es la de las mujeres que ya no queremos tener miedo, que andamos hartas de reír las gracias de hombres que no tienen ninguna gracia, que estamos hasta el coño de sentirnos amedrentadas, de ver cómo se roban nuestros sueños y nuestras ideas, nuestra palabra y nuestra paz. Nuestro pan y nuestro futuro. 

Estos últimos días en las redes hemos visto una campaña que, bajo #Cuéntalo, invitaba a las mujeres del mundo a contar que el miedo ha sido su compañero durante años, décadas y siglos. Miedo a ser insultada públicamente, miedo a ser violada públicamente, miedo a ser ignorada públicamente, miedo al miedo de ser mujer que es el peor de los miedos posibles que se puede tener y que han alimentado hombres y más hombres que no querían ni quieren perder su hegemonía ni su poder y que ahora están dispuestos a compartirlo, pero sin perderlo. Y ahí es donde los hombres siguen sin comprender nada, porque esta revolución ya no tiene miedo y las mujeres del mundo están dispuestas a abrir una vez más sus manos, a brindar su sabiduría y su forma de entender el mundo y de entender al hombre. Pero algo ha cambiado, algo que sube desde el valle hasta la cima más alta y que hace que la inseguridad se imponga y el hombre -hablo de género-, el hombre más importante del mundo, ya no está seguro, porque hay un susurro femenino y feminista que le indica que, aunque su razón le dice que llegará al otro lado de la tabla y se podrá sentir seguro en su mundo de seguridades y masculinidades, eso ya no va a ser así, porque hasta él, por un instante, siente vergüenza de cómo ha entendido a la mujer, de cómo la ha maltratado y también por un instante se siente sucio al recordar todas y cada una de las cosas que le ha hecho (a Ella) y piensa -el instante ha sido superado- que entonces solo tenía quince años y la juventud todo lo disculpa o que simplemente aquella mujer no merecía aspirar a ese sueño, paraíso de los hombres, o que aquella mujer se merecía esa paliza porque era mala, una traidora. No voy a hablar de las mujeres asesinadas ni de las mujeres violadas ni de las mujeres plagiadas. 

No voy a hablar de las mujeres ignoradas, porque no quiero más dolor silencioso. Vengo a hablar de la mujer del presente, de la mujer del futuro, esa que ha llegado para recordar al hombre que, en general y a lo largo de siglos, ha confundido su alma con su imaginación, creyendo ser lo que no era y nunca iba a ser. Hay que empezar por acariciar el alma femenina, por cuidar el lenguaje que tanto odio ha generado hacia las mujeres, porque la mujer o es santa o es puta y eso no solo lo dicen los chavales en los recreos, también lo dicen los jueces en los tribunales y entre determinada clase política sigue existiendo la sensación de que ellos valen más y que ellas, si llegan, es porque ellos lo han permitido y porque es preciso fingir que uno cree en la igualdad. Todo bastante torpe, tosco y plagado de lugares comunes que han dejado de tener validez, discurso o verdad, porque las mujeres a estas alturas ya no necesitamos demostrar nada, solo necesitamos escribir conjuntamente la historia del mañana, historia que si no escribimos también las mujeres agonizará en cunetas de deprecio. 

Ojalá que el miedo que nos acompañe a las mujeres de hoy en adelante sea el de la duda, esa perla delicada y hermosa que tanto sabe de la inteligencia, la sabiduría, la tolerancia y la humanidad.


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