Opinión

Comunicación

02/07/2018

Días de junio que te cuidan, Aragón

Ángela Labordeta de Grandes

Por Ángela Labordeta de Grandes

Secretaria de Comunicación, Imagen y Redes Sociales

“Ojalá no te muerdas el labio cuanto te rompes y no quieres llorar”, escribe Leiva y me acuerdo de tantos momentos en los que me mordía el labio para no llorar. Me mordía el labio cuando era niña y desde la oscuridad de esa otra habitación llegaban acordes rotos que en Teruel sonaban siempre a desgarro. Me lo mordía también cuando en Zaragoza esperaba que tú entendieras que tenía diecisiete años y unas ganas inmensas de decir que no y me lo mordí en Canfranc, cuando me dijiste: “En este Aragón nuestro todo lo dejamos morir”. En esa ocasión me lo mordí hasta que sangró, porque si tú tenías razón, todo lo que me habías enseñado carecía de sentido. Recuerdo que así fuimos avanzando y yo cada vez me mordía menos el labio, porque cada día me rompía menos: simplemente había aprendido a ver cómo las cosas que amaba se iban desvaneciendo y mi pequeño Aragón era cada vez una consecuencia más inexacta, poco precisa y olvidada de sí misma.

El pasado 27 de junio volví a morderme el labio y lo hice para sujetar las lágrimas que nacen de la emoción de ver que lo que era olvido y fracaso es por fin vida y futuro. El pasado 27 de junio el consejero de CHA del Gobierno de Aragón, José Luis Soro, puso la primera piedra de lo que va a ser el futuro de Aragón con un Canfranc en pie, que es la demostración de que todo es posible y que #RecuperarCanfranc es la razón de un sueño que abrigamos en noches de invierno, cuando la nieve se quedaba quieta y tu mano me quitaba todos los vértigos y mi paisaje era la tonalidad de tu voz, ni tan vieja ni tan nueva. 

Al día siguiente, 28 de junio, las Cortes de Aragón, siguiendo el texto presentado por CHA como proposición de ley, aprobaron la Ley de Actualización de los Derechos Históricos y yo volví a morderme el labio y sentí cómo mis ojos eran luz y esperanza. Ojalá todos los aragoneses leyésemos esta ley que no nos hace únicos, simplemente nos reconoce en lo que somos, con nuestras singularidades, historia, respeto y lealtad. El preámbulo arranca: “Aragón es una nacionalidad con más de doce siglos de historia (….) Y el Reino de Aragón tuvo una estructura institucional propia y un sistema normativo completo”. Y así fue durante siglos de historia, hasta que a principios del XVIII los Decretos de Nueva Planta abolieron, por derecho de conquista, el Derecho público y las instituciones propias del Reino. Siglos después la Guerra Civil rompió el sueño de un pueblo que quería acceder a su autogobierno y España se sumió en una oscuridad larga donde todo y todos éramos iguales: iguales en mediocridad y en falta de libertad. Pero hoy Aragón tiene una ley que nos reconoce como nacionalidad histórica, que nos recuerda que los derechos históricos residen en el pueblo aragonés, que reconoce el derecho de Aragón a alcanzar el más alto grado de autogobierno y que habla de la garantía de una relación de Aragón con el Estado regida por los principios de autonomía y bilateralidad, así como por la lealtad institucional mutua. Aragón avanza sin menospreciar ni despreciar a nadie, pero siendo ella protagonista de su propia historia, la que escribimos creyendo en nuestras barras y en nuestra decisión de ser. 

Hoy, tres de julio, me muerdo el labio y a través de la ventana de nuestras vidas sonrío y quiero que tengamos suerte y que nadie malinterprete lo que son triunfos y futuro. Corazón y lucha.



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