Opinión

Comunicación

06/02/2017

Los nuevos y el "gatopardismo"

Gregorio Briz Sánchez

Por Gregorio Briz Sánchez

Portavoz de CHA en las Cortes de Aragón y Secretario de Relaciones Institucionales y Políticas

Escribíamos, justo hace un año, un artículo, posiblemente premonitorio: Vinieron los nuevos, ¿eran los mismos? Veámoslo. 

La enmienda a la totalidad, supuesta, por las nuevas fuerzas políticas- la nueva política- presentada a los tiempos heredados de la transición, que concitó los peores males- corrupción, papanatismo cultural, ricos advenedizos, endeble crecimiento, moral maleable- en un régimen democrático novel ha sido fallida. 

Esta pretensión fantástica de bienintencionados aprendices de líderes carismáticos topó, como era previsible, desde la ciencia política cotidiana, con el sistema, y el gatopardismo más beligerante. 

Gatopardismo: “la actitud de cambiar todo para que las cosas sigan iguales". 

Creen ustedes que después de dos elecciones generales ha desaparecido el bipartidismo, o, como decíamos hace un año, todo ese parcial amasijo de cambios y recambios – todavía no habíamos vivido las elecciones de junio de 2016-no iba cambiar nada y todo iba a seguir igual (Gatopardismo). De hecho, sigue gobernando el Sr. Rajoy al servicio de las elites extractivas, o no. 

Hay algunos lideres políticos que con decisiones políticas democráticas, no exentas de pragmatismo, podrían haber cambiado el rumbo de la desigualdad, claro, quizá tuvieran que haber renunciado a la quimera de tomar los cielos por asalto- ¿nueva o vieja política?- para, así, poder mantener el modelo social y político del estado del bienestar. 

A veces políticos-como Aznar- embadurnados de rancio patriotismo daban títulos a mansalva de buenos y malos españoles. Ahora los nuevos líderes carismáticos, doctorados en las plazas y en universidades más solariegas del país, es decir los hijos de la burguesía de la progresía; que se divierten con la cosa y el espacio público, sin estar muy seguros si atienden al concepto mítico de la gente y sus necesidades, o simplemente si son una arma instrumental al servicio de una teoría rancia- como aquella que en los años treinta anunciaban los visionarios del momento- también reparten certificados de buen político de izquierdas o malo, si es el caso. 

Con qué herramientas transitan por el espacio público estos líderes nuevos, pues con la falsaria creencia de que son capaces de definir qué es la opinión pública, concretar cuál es la voluntad de ésta y que debe hacerse para satisfacerla. Argumentos muy cercanos a organizaciones religiosos de corte integrista. 

Abundemos más en la teoría rancia del populismo, las ciencias sociales etiquetan este concepto ambiguo, cuando no de dudosa utilidad. 

En todo caso los ingredientes que están en el guiso de la nueva política, que divide la izquierda de forma despiadada al servicio del ¿gatopardismo?, de las élites extractivas están: 

El uso político de una categoría, “pueblo”; que se opone y enfrenta a la fórmula de gobierno vigente; por no ser adecuada ni suficientemente representativa; de donde se derivan gran parte de los problemas que aquejan a una sociedad dada; problemas que pueden resolverse rápidamente si se permite el desarrollo de otras formas más genuinas de representación en las que se exprese fiel y directamente la categoría mítica (irracional) del “pueblo”, principio y fin de la legitimidad y acción políticas ; todo ello personalizado en alguna modalidad de liderazgo carismático. (Ortega 2011). 

Otra cosa sí, lo que les vale del sistema capitalista, sí que lo utilizan, como por ejemplo los sillones, si acaso, con el ánimo de así poder conseguir el asalto de los cielos. 

Deja el sistema a estos nuevos partidos que canalicen el malestar social, tal como ocurría a principios de siglo XX en España, en un contexto de fuerte crisis agrícola que posibilitaba y precipitaba el enfrentamiento entre las clases, se dejo gobernar a los liberales, ya que podrían solucionarlo mejor que los conservadores y controlar más eficazmente los recursos de poder y statu quo, tal como se encontraban establecidos, ordenados o distribuidos en la comunidad, sin pretensiones de alteración del orden social existente. 

Con todo esto, no existe ni el atisbo de acuerdos, el contesto mediático tampoco ayuda, puesto que hay una estrategia de polarización y se estimula el disenso permanente. Si una sociedad se encuentra inmersa en climas de opinión de esta naturaleza no es infrecuente que se produzca una parálisis política, que es lo que está sucediendo en Aragón en los últimos tiempos, donde el pacto y el consenso han desaparecido para llegar a construir unos presupuestos para un proyecto social que ayude a la ciudadanía, una financiación adecuada para nuestro país, un nuevo reglamento, las leyes sociales capitales, el recambio del Justicia y un largo etc., de aspectos relevantes para los aragoneses. 

Por tanto la parálisis política por un lado, la imposibilidad de un pacto entre la izquierda ha provocado que gobierne la derecha en España y, posiblemente, como decía Aristóteles, potencialmente lo hará la derecha en 2019 en Aragón, por la imagen de incapacidad e inmadurez que estamos dando la izquierda en Aragón. ¿Qué ha cambiado?...


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