Opinión

Comunicación

10/03/2017

Los Ciudadanos liberales: el centralismo de Cádiz

Gregorio Briz Sánchez

Por Gregorio Briz Sánchez

Portavoz de CHA en las Cortes de Aragón y Secretario de Relaciones Institucionales y Políticas

Los liberales de Cádiz, que por cierto no todos los diputados compartían esa ideología, han vuelto para gobernar, según ha dicho Albert Rivera en el congreso refundacional de Ciudadanos. 

Un debate sugerente, en tiempos de cierto páramo intelectual en la política -nueva o vieja- basado este ambiente en tactismos, estrategias, objetivos, transversalidades y otras fruslerías, que empobrecen densamente la narración política y su aplicación práctica. 

Renace la Constitución de Cádiz (Viva la Pepa, en honor al santoral del día de su aprobación). La nueva fuerza política se agarra a este texto legal y a sus supuestos defensores para avalar su nueva catalogación ideológica y abdicar de una socialdemocracia pegajosa y molesta para los nuevos objetivos liberales de la formación; en todo caso se acaban llamando liberales progresistas. 

Me permitan una introspección sobre esta última denominación. Yo creo que no es riguroso el concepto, puesto que en Cádiz no había todavía liberales progresistas, tan solo eran liberales. Quizá sí estaba la semilla del liberalismo progresista, y no en todos, puesto que había en la Isla de León también absolutistas y jovellanistas, que eran el germen, si acaso, del liberalismo moderado. 

Una ley que podría parecer un paradigma de democracia y que seduce a los nuevos políticos con el pensamiento actual, pero que acabaría dividiendo violentamente a la sociedad española por la inconveniencia a la adaptación a la realidad histórica. 

La Asamblea Constituyente, inaugurada en San Fernando (Isla de León) el 24 de septiembre de 1810, era el corolario del levantamiento, guerra y revolución. En definitiva, bien podía ser el texto de la izquierda liberal, aparentemente. Viene de la tradición constitucionalista francesa de 1789 y 1791. Ahí está instalada la teoría de sus orígenes del partido de Ciudadanos, o quizá no. Sigamos analizando las circunstancias. 

La Constitución de Cádiz se acabó convirtiendo en un texto utópico (ni siquiera se refería a España, sino a la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios -donde no incluía a los esclavos de las colonias-), que cayó en la inconcreción constante, se distanciaba de la realidad -un mundo perfecto y Estado imaginario- que no era otra que la Guerra napoleónica (Moreno Alonso, 2012). 

Esta transformación social era de tal calibre que abocaba al fin del Antiguo Régimen y la creación de un régimen liberal, en un contexto social de confrontación entre la España reformista y la reaccionaria, por eso su vigencia fue efímera, duró de 1812 a mayo de 1814, durante el trienio liberal -en un clima de desobediencia- y un corto periodo de 1836 a 1837. Espero que Ciudadanos no aspire a un cambio similar y, por supuesto, que no guarde ningún paralelismo en su duración. 

Hay historiadores que proponen que la Nación española nació en Cádiz, otros un poco antes, en 1808. Se infiere, entonces, que Ciudadanos defiende el nacionalismo español como antídoto al resto de los nacionalismos periféricos actuales. 

En Cádiz los liberales constituyentes defendían que solo una minoría de grandes propietarios, blancos e ilustrados, estaba cualificada para gobernar. Por tanto, a la racionalidad, uniformidad y elitismo, habría que añadirle el centralismo; aquí sí que, supongo, se encontraría más a gusto Ciudadanos. Por eso ellos, los liberales, eran los que podían defender los derechos de los ciudadanos, pero sin que figurasen de forma explícita en la Constitución. ¿Este es el modelo de Ciudadanos? 

La religión católica se preservaba de forma nítida en el artículo 12. Aunque hubo una ruptura con la Iglesia por la abolición de la Inquisición. La Constitución titubeó ante la igualdad, la libertad, el reconocimiento de derechos en tierras americanas, a la Iglesia, al Rey- que sigue teniendo gran poder-, a los militares y a la opinión pública. 

No sabemos si los actuales miembros del Partido Ciudadanos se identifican miméticamente con aquellos trescientos diputados que pudieron llegar a Cádiz, en el ambiente de la guerra, elegidos con sufragio indirecto (que sólo podías ejercer cuando cumplías 25 años -y no sé si es necesario decir que si eras hombre, ya que el limbo político femenino se extenderá hasta 1890-), entre los que estaban en las ciudades libres de asedio o no conquistadas por los franceses. Muchos de ellos militares, clérigos, funcionarios, grandes propietarios y catedráticos en definitiva la elite española, muy alejados de la defensa de la clase media que ahora asume la formación naranja. 

Eso sí, Ciudadanos defiende el libremercado en la actividad económica y aquí quedó sellado. 

La Constitución de Cádiz enlaza la tradición española, pero también rompe con ella y es un símbolo de modernidad en muchos aspectos. Los principios constitucionales de soberanía nacional, legalidad y separación de poderes. Rompe con la sociedad estamental, plantea la sujeción a un mismo fuero o régimen jurídico y a un mismo sistema contributivo. Además, se prevé la elaboración de unos códigos generales para toda la nación, dentro de una tendencia centralista. 

Albert Rivera trata de enlazar su partido, de reciente creación, con una tradición política liberal, popular y cómoda que le dé certificado de solera política y soporte de autenticidad histórica o bien quiere diferenciarse del marianismo del PP, un liberalismo más moderado, y enfrente se sitúa con fulgor este liberalismo progresista, que al final como hemos intentado argumentar tiene muchas caras a veces paradójicas, sino contradictorias, cuando lo intentas trasladar a una sociedad demasiado líquida como la actual.


Galería