Opinión

Comunicación

12/03/2017

El orangután polaco y las mujeres

José Manuel Salvador Minguillón

Por José Manuel Salvador Minguillón

Concejal en Ejulve y consejero en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos

Antes que nada desde aquí pido perdón a los orangutanes por compararles con un eurodiputado polaco que hace unos días nos deleitó con su verborrea machista en pleno Parlamento Europeo, pero es que no se me ocurría otro calificativo más acertado. A mí me resulto muy impactante que en el año 2017, un tío, sin ponerse colorado, defendiera la diferencia salarial entre el hombre y la mujer porque ellas son más débiles y menos inteligentes. El “orangután” en cuestión se llama Janusz Korwin-Mikke, representante de la extrema derecha polaca, que ya la había liado en otras ocasiones con comentarios machistas, xenófobos y homófobos e incluso por hacer el saludo nazi en el Parlamento Europeo… Vamos, una joya… 

Pero no hace falta marcharnos al extremo de los extremos para asumir que la lucha por la igualdad de la mujer en la sociedad actual sigue siendo necesaria. Día tras día presenciamos con horror los asesinatos machistas en nuestro país. La sociedad actual comienza a reaccionar con rotundidad ante un hecho totalmente irracional, cuando hasta hace solo unas décadas estos hechos se escondían socialmente, definiéndolos como “crimen pasional”. Además, las mujeres en 2017 todavía ganan menos que los hombres, reciben pensiones menores, están menos presentes en puestos clave, viven más expuestas a la violencia y soportan el mayor peso de la carga familiar. Por estas y otras razones, considero que la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer es una causa más que justa. Por eso el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, sigue teniendo vigencia, sigue teniendo sentido. Creo que es un deber por parte de nuestra sociedad caminar hacia la igualdad, cuestionar los roles establecidos, establecer relaciones de igual a igual. Y más en el medio rural. 

Y lo transmito como lo siento, aunque reconozco que en este ámbito, por supuesto, soy imperfecto. Soy un hombre que ha convivido siempre en su ámbito familiar con el “poso” de los roles establecidos, que aún todavía se me escapa alguna pregunta a mi mujer tipo “¿Te puedo ayudar en algo?”, cuando las tareas domésticas son responsabilidad compartida… Tengo la suerte de convivir con una mujer que no lo ha tenido fácil, trabajadora, con ganas de reivindicarse. Recuerdo una noche de verano en mi pueblo, tras la cena nos quedamos unos pocos de “charrada” y de madrugada surgió una conversación subida de tono, donde alguien cuestionó la igualdad entre el hombre y la mujer con análisis sobre la maternidad y la mala influencia de la entrada de la mujer en el mercado laboral. Mi mujer reaccionó airadamente ante estos argumentos, se sintió ofendida y así lo transmitió. Lo miro ahora con perspectiva y me pregunto… ¿”feminazi”? No. Simplemente, valiente y comprometida.


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