Opinión

Comunicación

02/09/2017

Alcaldías de verano

Ángel Hernández Sesé

Por Ángel Hernández Sesé

Miembro del Comité Nazional de CHA

Hay alcaldes vocacionales, los hay profesionales y los hay casi por obligación. A buena parte de ellos les toca vivir en estos meses de verano su particular calvario. En los pueblos pequeños los alcaldes o alcaldesas deben lidiar en estos meses con una población que en ocasiones quintuplica la que pasa en sus localidades el otoño e invierno. Son municipios muy pequeños, en muchos casos sin personal, y deben de afrontar la locura de dar servicios a una población ociosa, que requiere de muchas atenciones y que no cesa en sus demandas. El abastecimiento de agua que a veces es insuficiente, la señal de televisión que se pierde tras una tronada, la iluminación de las calles y plazas, la basura, la cobertura, que me quiten esto de aquí, que el camino de allá… 

Lo digo con conocimiento de causa y a propósito de mis años de trabajo y relación con muchísimos alcaldes con los que he comentado estas cosas; uno de ellos me decía el otro día que no se puede ir de vacaciones cuando más gente hay, otro que se las coge en junio. Lo dicen algunos de esos muchos que no cobran, ni cobrarán por ese servicio, pero que se entregan a sus vecinos y veraneantes. Recuerdo a un edil de las Cuencas Mineras que me contó como un día despachó a unos vecinos que a las 10 de la noche habían ido a quejarse a su casa por un tema de telefonía. Les dijo “¿Cuándo os pasa algo en Barcelona a las 10 de la noche, vais a casa de Jordi Hereu (por aquel entonces alcalde de la ciudad condal) y le tocáis en la puerta? Pues un respeto”. Y tenía toda la razón, porque los alcaldes y alcaldesas son servidores públicos, pero no son nuestros mozos de los recados y les debemos el respeto a su intimidad, a sus ratos de ocio y familia. Que está muy feo eso de ir a interrumpir a alguien cuando se está tomando un café, un vermú, o está con su familia y amigos; y qué es eso de ir a su casa. Los ayuntamientos también tienen sus puertas abiertas, hay teléfonos, hay alternativas, porque a los alcaldes se les afea cualquier desliz, pero no se les reconoce esa vocación de servidores de lo público. Así que aún con la tristeza de la vuelta a la quietud de la rutina, de los pueblos sin apenas gente, les dedico mi afecto a todos aquellos alcaldes y alcaldesas amateurs, sufridores del estío y les doy las gracias porque su dedicación altruista es algo ejemplar.


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