Opinión

Comunicación

08/10/2017

Ojalá cuando tú me leas….

Ángela Labordeta de Grandes

Por Ángela Labordeta de Grandes

Secretaria de Comunicación, Imagen y Redes Sociales

Escribo estas líneas en una mañana de sábado, líneas que tú leerás en domingo. Las escribo sin saber qué sucederá esta tarde en mi ciudad: si se impondrá la razón y la paz, o por el contrario se abucheará a mi Ayuntamiento por decidir reconocer el dolor de quienes padecieron los atentados de agosto en Barcelona y en Cambrils. Ojalá cuando leas estas líneas haya reinado la paz y la voz de Kase.O haya aplacado todos los miedos y haya hecho fuerte la cordura de pensar por uno mismo en paz y en libertad. 

Pero haya pasado lo que haya pasado en mi Zaragoza amada, y sin saber qué sucederá el lunes en Cataluña, asisto con gran tristeza y muy poca esperanza a una sucesión de acontecimientos que a pasos agigantados están debilitando nuestra democracia y nuestras libertades, y todo ello por malas y cobardes decisiones políticas, por discursos baratos y demagogos, por posturas de gran tibieza y otras de obstinada razón sin razón. Hemos visto a un Parlament vulnerar la democracia, hemos visto acorralar y golpear a hombres y mujeres, hemos visto a hombres hacinados en un busque disfrazado de Piolín y a un Presidente, Rajoy, dispuesto a seguir contando con sus dedos el triunfo sobre la derrota humana. También hemos visto a un Rey que era un Rey disfrazado de político. Hemos saboreado la decepción, la tristeza y el miedo y ahora, cuando las palabras ya ni resuenan y el eco es mudo, solo cabe la esperanza de que se imponga algo de cordura y nadie busque culpables, porque cuando las pasiones se desatan y bucean a través de la ceguera humana, el final del camino puede ser el más imprevisible y sin duda el más letal y perverso y en ese instante, desgraciadamente, ya nadie escucha nada que no sea únicamente el eco de lo que quiere escuchar. 

Dicen que la arqueología busca excavar los estratos de la conciencia para encontrar su lecho rocoso, su incierto pasado y desde ahí perdurar o morir en el presente. Y en la literatura, como en la arqueología y en la vida, hay temas recurrentes y quizá el mito de Edipo, que sin saberlo mató a su padre para posteriormente desposar a su madre, es uno de los más repetidos y “Hamlet”, de Shahespeare, es un claro ejemplo de ello. Porque cuando las pasiones se desatan y bucean a través de la ceguera humana, el final puede ser el más letal y perverso, escribía unas líneas más arriba. Nuestro deseo de alcanzar el qué, jamás debiera vulnerar el cómo, porque de ser así, en ese preciso instante habremos permitido destrozarnos como sociedad y seremos el desgarro de demasiada tinta gastada sobre papeles que nadie lee ni reconoce. Decía que la arqueología busca excavar los estratos de la conciencia para hallar ese eslabón que nos dé respuestas; el hombre de hoy, sin embargo, parece querer romper todos los eslabones y hacer que solo queden preguntas a las que no podamos dar respuestas entre zarpazos que han arañado nuestros corazones de hombres y mujeres. 

Ojalá cuando tú me leas…



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