Opinión

Comunicación

25/02/2018

La razón del arte

Ángela Labordeta de Grandes

Por Ángela Labordeta de Grandes

Secretaria de Comunicación, Imagen y Redes Sociales

La peor patología de la que padece la política de nuestros días es la de la estupidez, que nos lleva a formular frases en sí mismas imposibles de descifrar, que nos lleva a tomar decisiones en sí mismas imposibles de justificar. Y lo peor de todo es que hemos ido aceptando que esas “formas” penetren en nuestra sangre y, aunque pensemos que nada está ocurriendo y que todo volverá a la normalidad, son muchas las cosas que se han transformado y que nos han transformado, de la misma forma que se transforma una casa en la que entra un huésped al que nadie espera y que llega para imponer sus normas y sus leyes. En estos días escuchamos frases memorables: el Partido Popular habla de la #HuelgaFeminsita como la huelga de Pablo Iglesias y todo porque en el intento desesperado de buscar “la originalidad” se recurre al todo vale, que es mi todo vale. Y mientras el Partido Popular sigue instalado en la sombra dudosa de tantas y tantas mentiras, la socialistas Susana Díaz se descuelga diciendo que la izquierda no puede ser jamás nacionalista y ante memorable estupidez solo me surge una reflexión: “Usted se considera de izquierdas y es nacionalista española, ¿a qué se refiere entonces?” Quizá la señora Díaz tendría que haber dicho, que es lo que realmente piensa, que en la izquierda solo deben estar los que a ella le gustan y piensan como ella. Pero las frases se suceden y desde América nos llega el señor Trump diciendo que los profesores tienen que ir armados a los centros escolares y una ya no sabe si pedir asilo político y humano en la luna o esperar silenciosamente a que lleguen tiempos mejores. 

Y entre todo, y para hacer más esperpéntica la sin razón, se censura a un rapero, a un escritor y a un artista. Hace una semana en unas jornadas feministas se me pidió que hablara sobre el feminismo y el arte y voy a reproducir aquí algunas de las palabras que expresé, sin saber que pocos días después la justicia iba a condenar y censurar, con el beneplácito de aquellos que quieren un país ordenado en el orden de sus prioridades y que son incapaces de ver que estamos construyendo un país enfermo de hipersensibilidad, en el que se juzga por exceso y con escasa sabiduría en ocasiones. 

“De ninguna forma –decía hace diez días- concebiría una sociedad que le dijera al artista sobre lo que puede o no puede hablar. Es preciso, desde mi punto de vista, y sé que lo que voy a decir a continuación puede no gustar, es preciso, insisto, saber y diferenciar lo que el arte tiene de arte y la sociedad tiene de absolutas carencias. ¿Alguien es capaz de decirme que La maja desnuda de Goya no es una obra de arte?; ¿alguien me puede negar que Polansky es un gran cineasta o que Woody Allen y su Manhatan nos mostró una América diferente? ¿Y qué hacemos con la Lolita, de Nabokov? ¿Y con La naranja mecánica, de Kubrick? A ninguno de ellos los juzgo como personas, porque esa no es mi tarea, pero sí los considero artistas. En todas esas obra se perciban desasosiegos, dudas, sombras y preguntas que reflejan, sin duda, la propia turbiedad de la moral, que en sí es turbia por intentar ser moral. 

Ya sé que si digo que el fin del arte es incomodar, entro en un discurso inagotable, pero sí quiero hacer referencia a una película de Lars von trier, Rompiendo las olas se llama, que aconsejo se vea, porque es tan inquietante como hermosa y porque si algo de bueno tiene el arte es mostrarnos la cara menos amable de sociedades enfermas". 

"Si castigamos al arte por ser mujeres, nos castigamos como sociedad y eso es algo a lo que me niego. El comportamiento de los hombres y de las mujeres, se dediquen a lo que se dediquen, tiene poco que ver con el arte y mucho que ver con sus carencias. Seguiré luchando porque las mujeres sean infinitamente libres, cada día más, pero también las quiero sabias, cultas y sin prejuicios. Marguerite Duras, escritora y política, feminista y mujer, en uno de sus relatos en el libro Sagitario escribe esto: “…Y ella le disparó…”. La Duras, con ello, no hace más que literatura y lo peor que le puede pasar al arte es que entre todos lo atemos de pies y manos en razón de una razón que el arte no entiende ni debe entender".


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