Los 7,5 millones de habitantes de los ayuntamientos de las seis grandes ciudades reciben del Estado casi tanto dinero como los 25,5 millones de habitantes que vivimos en pequeñas ciudades y pueblos.
Hay pueblos que no reciben ni 140 euros por habitante y año mientras en las ciudades se destinan hasta 584 euros por habitante al año.
Proponemos que se garantice para los pueblos pequeños y medianos UN EURO AL DÍA por habitante.
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Todos los ayuntamientos, incluidas las grandes ciudades, tienen problemas de financiación porque prestan cada día más servicios directos a la ciudadanía sin recibir los fondos necesarios, pero la situación es más grave en el medio rural, donde resultan más caros por la despoblación, el envejecimiento y la dispersión geográfica. Los pequeños pueblos aspiran a alcanzar la calidad de vida y de bienestar de las ciudades y debemos luchar para conseguirlo.
La Constitución garantiza la financiación de las Corporaciones por parte del Gobierno Central, quien absorbe para sí mismo la mitad de los recursos del Estado sin ejercer esa responsabilidad, castigando en su reparto a los pequeños municipios y dejando que éstos vivan situaciones económicas dramáticas en la mayoría de los casos. A esta discriminación financiera podemos añadir que la administración central no genera con su presencia e inversiones casi ninguna riqueza en el medio rural, donde el deterioro en la calidad de vida acentúa la emigración y el abandono.
Los pequeños municipios están obligados a pedir y vivir de las subvenciones que les otorgan Diputaciones provinciales, Comunidades Autónomas o el Gobierno Central. Hasta la quinta parte de una subvención puede perderse en la maraña burocrática que aquellas generan. Prestar un servicio básico como pavimentar una calle o instalar agua potable, alumbrado público o una red de alcantarillado puede convertirse en una misión imposible.
Las Diputaciones (incluidos los Cabildos insulares) reciben directamente del Estado más de cinco mil millones de euros, pero solo a personal y gasto corriente dedican más del 80% de ese dinero. Ello contrasta con humildes alcaldes de pueblo que tienen que hacer de alguaciles u operarios. Es paradójico que el dinero de los ayuntamientos se pierda por el camino y que, el poco que llega, no pueda destinarse a lo más prioritario o urgente, porque buena parte de las subvenciones van ligadas a planes que nada tienen que ver con lasnecesidades básicas. Al final no es extraño que un pueblo tenga una pista de tenis abandonada y sus niñ@s sin escuela infantil.
No es necesario incrementar el gasto público, basta con adelgazar los Ministerios cuyas competencias total o parcialmente ya gestionan las Comunidades Autónomas y que el dinero de los Ayuntamientos no pase por las Diputaciones provinciales, sino que les llegue directamente.
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