Señor ministro Planas, nos la jugamos

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Ana Caudevilla Pérez, secretaria de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente de Chunta Aragonesista

En unas jornadas de economía agroalimentaria en las que participé, hace casi 30 años, un participante se levantó y dijo: “Europa ha decidido gastar una parte muy importante de su presupuesto en mantener su agricultura y ganadería, así como su paisaje y su mundo rural vivo…”.

Entonces entendí lo importante que era la P.A.C. (Política Agrícola Común), necesaria para estructurar, modelar e impulsar modelos agrarios que se deciden entre todos nuestros representantes. Haré una revisión del modelo político, deseable desde el punto de vista emocional, porque la P.A.C. es compleja técnicamente y sería farragoso detenerse en tantos elementos que determinan el largo plazo de nuestro territorio.

El futuro de nuestro entorno rural se decide en Bruselas y el gobierno central se está posicionando consultando a las Comunidades autónomas. Nuevamente el planteamiento aragonés pierde fuerza en relación con las propuestas que se hacen desde otras comunidades que cuentan con más poder, más población y, por supuesto, con más atención del gobierno de España.

Desde Aragón se planteó la desaparición de los derechos históricos y la defensa de una agricultura profesional protagonizada por agricultores y agricultoras cuyos ingresos proceden, mayoritariamente, de la actividad agrícola y ganadera.

Estos dos criterios resultan esenciales para hacer viable un modelo, defendido por CHA, en el que la agricultura familiar sea la vertebradora de nuestro territorio y permita la supervivencia de muchos pueblos, además de ser modeladora del paisaje aragonés y la base de nuestra identidad y cultura territorial.

Sin embargo, el temor a la “uberización” del campo se acentúa. Esto supone la desaparición de los pequeños productores locales y el traspaso de la propiedad de la producción de alimentos a corporaciones de mayor tamaño y menor implicación con el territorio.

Tememos que la nueva orientación de la P.A.C. favorezca la pérdida de un modelo empresarial donde prevalece el vínculo personal y emocional del agricultor con la tierra y el paisaje. Una P.A.C. que apoya la renta de NO agricultores y agricultoras.

Los que amamos la singularidad de esta tierra debemos responsablemente posicionarnos a favor de una agricultura con agricultores en el marco de una economía social agraria. Defender la empresa familiar agraria y el relevo generacional, que es el factor que mide la salud del sector. Estamos en un momento crítico. Evidentemente, con el dinero de todos se deben apoyar los sectores más vulnerables y necesarios por su multifuncionalidad económica, social y ambiental.

En este contexto encontramos a los ganaderos de ovino y vacuno extensivo y a la ganadería sostenible sin base territorial. También se debería incluir el apoyo a cultivos frutales y leñosos, que son motor económico y social de comarcas enteras, para hacerlos competitivos en el agresivo mercado globalizado.

Atendiendo al tan vilipendiado concepto de sostenibilidad, el factor social y medioambiental desarrollado por la actividad agraria resulta esencial de cara a un futuro coherente con la agenda 2030. La futura P.A.C. debería favorecer la incorporación de nuevos y jóvenes agricultores y ganaderos, la fijación de población rural y la vertebración del territorio.

El Ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, ha hecho “oídos sordos” a este planteamiento favoreciendo el mantenimiento de los injustos derechos históricos y el desagravio entre territorios. Una gran “cambiada” que beneficia a fórmulas empresariales que nada tienen que ver con lo que se propone desde este artículo y desde los más importantes sindicatos agrarios aragoneses.

Las ayudas europeas las deben recibir los agricultores y ganaderos en activo y que trabajan de forma estratégica sus explotaciones. No entendemos otro modelo de agricultura sostenible de largo plazo si no sirve para apostar por la población rural y los empresarios del campo. Una agricultura digna que mantenga el territorio vivo y que sea determinante en la defensa del paisaje, su biodiversidad y nuestra identidad aragonesa en la que coexisten agricultura y ganadería de montaña, de desierto interior, de Mediterráneo y de ribera. Señor ministro, nos jugamos nuestra economía rural, nuestro paisaje y nuestra cultura.