Opinión

Comunicación

29/06/2019

Fuego, cambio climático y gestión forestal

José Manuel Salvador Minguillón

Por José Manuel Salvador Minguillón

Bizesecretario Territorial d'as Redoladas d'o Sur

Estamos a pocos días de que se cumpla el décimo aniversario de los incendios que asolaron la provincia de Teruel en 2009 y no puedo dejar de mirar con angustia la situación que se ha generado en la provincia de Tarragona desde el pasado miércoles, con un gran incendio que arrasa con todo allá por donde pasa, en unas condiciones climatológicas de temperatura, humedad y viento muy propicias para su desarrollo. Desde aquí mi solidaridad con todos los vecinos de la zona afectada y con los profesionales de los medios de extinción que están tratando de parar el desastre. 

No es lo mismo ver un incendio por la televisión que vivirlo presencialmente en tu municipio. No le deseo a nadie esa situación, que lamentablemente me tocó vivir como alcalde de Ejulve en julio de 2009, cuando una tormenta seca la tarde del 21 de julio con la caída de multitud de rayos provocó la mañana del miércoles 22 el inicio de un gran incendio en la sierra de Majalinos. Recordar diez años después la rabia y la impotencia que sentimos en esas fechas, sigue dejándome mal cuerpo. Estos días han sido varios los medios de comunicación que nos han llamado para recordar la efeméride y el mensaje que hemos intentado trasladar los integrantes de la Plataforma Ciudadana «Nuestros montes no se olvidan» ha sido claro: si no gestionamos el monte de forma activa y no se lucha contra el cambio climático, el fuego será quien gestione nuestro territorio de forma dramática en los próximos años. 

El fuego en el monte mediterráneo siempre ha existido y es un proceso ecológico para regenerar los bosques, pero las preguntas que nos tenemos que hacer son: ¿está la sociedad preparada para asumir que el fuego es un agente transformador de nuestro paisaje y que debido al cambio climático los grandes incendios serán cada vez más recurrentes y cotidianos? ¿Está la sociedad concienciada sobre el riesgo de los incendios forestales para las personas, infraestructuras y nuestro modo de vida en el medio rural? ¿Apostamos por «dejar hacer» al fuego o gestionamos de manera diferente nuestro paisaje ejerciendo como guardianes del mismo y controlando el riesgo, con políticas activas forestales que den carpetazo a décadas de abandono, generando economía y empleo local? Este es un debate importante en los próximos años.


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