Opinión

Comunicación

30/08/2019

Políticos que no están a la altura

Ángel Hernández Sesé

Por Ángel Hernández Sesé

Miembro del Comité Nazional de CHA

A escasas semanas de dar por concluido el verano, poco me podía imaginar que lo más bochornoso no ha sido el calor, sino el lamentable e irresponsable espectáculo político. Creo que sólo algunos gobiernos autonómicos han estado finalmente a la altura de lo que precisa la ciudadanía; porque en estos tiempos que el partidismo y el tactismo, estén por encima del interés general es una vergüenza. Opino que lo acontecido en Aragón ha sido un ejercicio de responsabilidad al reivindicar el pactismo, una tradición milenaria que hizo grande a este país y lo convirtió en un gran reino y en histórica cabecera de una legendaria Corona. El vernos abocados a una repetición electoral ha hecho que los distintos partidos aragoneses adoptasen una postura pactista y visto lo visto, secundasen un acuerdo ejemplar. 

Pero al tiempo los jefes de Madrid, siempre los de Madrid, han dado y dan un espectáculo lamentable, que nos tiene abocados a la incertidumbre, en medio de una parálisis que no garantiza nada nuevo, y afrontando problemas de escala planetaria con una interinidad que resulta bochornosa. Pedro Sánchez me ha decepcionado plenamente, me resulta a fuerza de verlo actuar un presidente con una descomunal vanidad. La política es el arte de ceder, de llegar a acuerdos, y la narrativa que ha ilustrado todo el proceso de la investidura fallida, y la que venimos viendo estos días, todavía acentúa más esa sensación. No obstante, tenía frente a él a lo que en lenguaje coloquial se diría la horma de su zapato, Pablo Iglesias, otro señor embebido de soberbia. Si de lo que se trata en política es de la necesidad de llegar a acuerdos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias acreditan una baja talla política; sólo así se puede entender que durante meses hayan eludido el cara a cara, hayan negociado a golpe de comunicados, con unas elecciones que se celebraron en abril; sólo así se explica que sigamos gobernados por unos presupuestos que dispuso el inefable Cristóbal Montoro. Sólo desde la irresponsabilidad se puede consentir que los gobiernos de todas las autonomías estén paralizados por la falta de transferencias. Somos los ciudadanos los paganos de todos estos desatinos. 

Pero el espectáculo continúa con la gente que ocupa la otra bancada, la de una oposición que se dedica a insultar, sin más. Quién me iba a decir que algún día echaría de menos a Rajoy como líder del PP, ahora que su sucesor es Casado. Pero mucho peor está siendo en todo este proceso la postura de Albert Rivera, que va depurando críticos, abrazando a la extrema derecha, y sin tener ni proyecto político, ni coherencia ideológica. Que de lo mejor del debate de investidura fuesen los tan denostados nacionalistas, dice mucho de nuestra actual clase política. Se añora a los llamados políticos de Estado. De modo que ya ven, cualquier ciudadano de a pie puede acreditar su cansancio y su hartazgo por la situación actual. 

Aunque madrecita que me quede como esté en un mundo en el que los Salvini, Bolsonaro, Putin, Boris Johnson, Erdogan o Trump tienen el mando. Cualquiera imagina a este atajo de peligrosos botarates gestionando el final de la Segunda Guerra Mundial. Si este es el pretendido gobierno de las elites, lo tenemos bastante mal. Los políticos de nuestro tiempo demuestran no estar a la altura, y en el caso español unas nuevas elecciones serían la constatación de la escasa talla y capacidad de quienes pretenden (que no lo consiguen) gobernarnos. La pretendida unidad de la izquierda suena a quimera, mientras derecha y extrema derecha se dan de la mano sin remilgos; así nos va.


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