Opinión

Comunicación

29/12/2020

Espejismos políticos

Carmen Martínez Romances

Por Carmen Martínez Romances

Diputada en las Cortes de Aragón y Secretaria General de CHA

La macroeconomía utiliza en demasía un “amable disfraz” donde ocultar las más drásticas decisiones políticas que tienen un impacto atroz en la vida diaria de las personas. De este modo detrás de los forzados equilibrios en las cuentas públicas se escondía la realidad diaria de quienes no podían llegar a fin de mes.

Igualmente ocurre con la geopolítica: las “grandes decisiones” tomadas desde los despachos del poder, donde controlan el mundo, tienen su reverso en la realidad diaria de las personas que las sufren.

Bajo la visión de ese mejor futuro, al que saben no se va a llegar, nos mantienen en un espejismo de ilusión política. Tratan de definir un concepto con una imagen sin ser ésta la verdadera realidad.

Así, el último acuerdo relevante en materia de política exterior de la todavía regente “administración Trump” es una negociación a “tres bandas” con Israel y Marruecos en la que el primer perjudicado es el interés del pueblo saharaui. Un “cambio de cromos” desde la “alta política” para incumplir con el derecho de autodeterminación del Sahara.

Este conflicto mediáticamente acallado tiene ahora una pequeña lucana de información que se abre al mundo, aunque no deja de ser otra ficción, otro espejismo sobre lo que realmente ocurre allí:

- No se está contando todos los incumplimientos reiterados de todas las resoluciones de las Naciones Unidas sobre esta cuestión.

- Se oculta que la propia Unión Europea está siendo incapaz de detener el expolio de los cuantiosos recursos naturales de la República Árabe Saharaui Democrática. Nunca se deberían anteponer los intereses comerciales de las potencias de la zona a la protección de los derechos y libertades de este pueblo.

- Se olvida abiertamente que el Gobierno de España, como potencia administradora de iure, todavía no ha concluido el proceso de descolonización.

Durante años el gobierno marroquí ha invertido ingentes cantidades de dinero en elaborar su propia descripción de lo acaecido para tratar de confundir a la opinión pública internacional, ocultándole la raíz del problema.  Ahora podríamos llegar a decir que sí han cumplido con sus objetivos porque siendo la fuerza ocupante  las decisiones políticas más importantes siempre se toman velando por preservar los intereses del régimen alauí.

Dos generaciones, miles de personas, ya han sobrevivido décadas en los campos de refugiados de Argelia esperando una solución al conflicto. Han sido capaces de construir castillos de dignidad sobre una arena política que no entiende de su situación. Las mujeres y hombres saharauis que viven en los territorios ocupados sienten, día sí y otro también, como no son respetados los más elementales Derechos Humanos. Una vergüenza escondida tras los muros más infranqueables, los de la indiferencia de los gobiernos e instituciones internacionales.

Las personas más jóvenes que vivieron de las palabras de sus mayores ya no creen en las promesas de un mundo que les da la espalda. Están cansadas de un horizonte sin futuro, de unas condiciones que perpetúan lo que iba a ser una excepcionalidad.  Las muestras de paciencia, dignidad y confianza en la política han sido más que demostradas por el pueblo saharaui y su legítimo representante, el Frente Polisario, pero el statu quo que sufren no puede, ni debe, ser indefinido.

Ahora debemos comprometer y comprometernos con una paz justa que respete el derecho de autodeterminación porque ya ha transcurrido más de un mes desde que en el  paso de Guerguerat el sonido trágico de las balas sustituye a las acalladas palabras demandantes de diálogo y libertad. La guerra es la constatación de este fracaso de la política.

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