Opinión

Comunicación

14/04/2021

Tierra, molinos, viento y sol

Joaquín Palacin Eltoro

Por Joaquín Palacin Eltoro

Presidente de CHA y portavoz en las Cortes de Aragón

El futuro que ya nos alcanza nos reclama el desarrollo de las energías renovables para avanzar en los objetivos de descarbonización previstos para conseguir la neutralidad climática en 2050.

Es clave, si pensamos en hacer local este objetivo global, definir cuál es el modelo y la estrategia territorial de nuestros municipios y comarcas en esta cuestión energética. El reto es poder maximizar los beneficios y minimizar los impactos, dado que en la actualidad existen en Aragón numerosos proyectos a gran escala de centrales eólicas y fotovoltaicas en numerosas comarcas, básicamente promovidas por grandes empresas del sector energético.

Tomar las decisiones adecuadas y elegir las prioridades pensando en el territorio y sus habitantes es una cuestión política. Por este motivo desde CHA defendemos una planificación adecuada para la instalación de centrales eólicas y fotovoltaicas en nuestro medio rural, teniendo en cuenta los impactos ambientales, paisajísticos, sociales y territoriales que estas instalaciones generan.

Pedimos respeto a las decisiones del territorio y reclamamos un amplio consenso político para afrontar la necesaria ordenación y planificación de este sector, especialmente en zonas de alto valor ambiental y paisajístico de diferentes comarcas de Aragón.

Hay que apostar por una planificación adecuada de estas instalaciones por diversos motivos:

-Las dimensiones de los nuevos proyectos, tanto eólicos como fotovoltaicos, son considerables y no tienen nada que ver con la de proyectos anteriores. Su repercusión y su impacto en paisajes rurales (tanto la propia instalación, como las infraestructuras vinculadas a la misma) pueden suponer cambios más difíciles de absorber que en otro tipo de espacios, además de dañar la biodiversidad.

-El impacto de una instalación de estas características es menor cuando está próximo a grandes vías de comunicación, a las subestaciones de evacuación de energía o a los grandes centros de consumo, así que una de las estrategias a desarrollar sería la repotenciación de instalaciones ya existentes (junto al necesario ahorro energético) y complementar los modelos en zonas más sensibles con proyectos de menor escala adaptados al territorio, promoviendo  la generación distribuida y el autoconsumo.

-Las macroinstalaciones deberían tener inexcusablemente un plan ligado al aprovechamiento de la energía en el territorio donde se ubican, generando nuevas industrias y servicios que permitieran generar expectativas de empleo a la población local. Igualmente debemos valorar las necesidades energéticas de Aragón y plantearnos si es necesario masificar estas instalaciones si la potencia de generación instalada excede a la demanda aragonesa. La manufactura de la energía en el lugar de su producción evitaría repetir modelos pasados de extractivismo del territorio rural para beneficio de grandes centros de consumo, como ocurrió con los grandes embalses o con el carbón.

-Debemos democratizar la energía renovable para conseguir una verdadera transición justa. Sería necesario conseguir el cambio legislativo para que la administración pública sea la encargada de la planificación que defina los espacios adecuados para estas infraestructuras. Las empresas deberían concursar en esos espacios disponibles con proyectos que promovieran objetivos de desarrollo territorial, con tarifas eléctricas reducidas para los municipios que acojan centrales renovables, así como un canon que deberían aportar los promotores para compensar a las zonas excluidas por su valor ambiental y paisajístico. Frente a la realidad actual, donde son las empresas privadas las que dirigen a conveniencia los proyectos, buscando interesadamente las zonas más deprimidas para ofrecer acuerdos de ocupación de los terrenos a los ayuntamientos necesitados de financiación municipal...

-La sociedad reclama energía renovable, pero también solicita espacios abiertos, paisajes limpios y parajes de alto valor natural que, por sí mismos, ya ofrecen unos servicios ambientales de gran valor y expectativas de desarrollo territorial sostenible, generando economía y empleo. En esta línea habría que actualizar el axioma de “quien contamina paga” para transformarlo a “quien oxigena, cobra”. El mantenimiento de masas forestales en el territorio, hasta ahora, aporta sin recibir la contraprestación ambiental correspondiente. Nuestro patrimonio territorial (paisajístico y forestal) es también nuestro mayor valor. Prestamos servicios ambientales al conjunto de la sociedad lo suficientemente importantes como para recibir las compensaciones adecuadas que nos permitan pensar con optimismo en el futuro de estas tierras, sin necesidad de plegarnos a la masificación renovable.

- El modelo de instalación masivo de grandes centrales eólicas y fotovoltaicas en el medio rural genera ingresos sobre los terrenos que ocupa, pero también genera el efecto pernicioso del cambio de uso (rentismo) que pueden provocar una mayor despoblación, así como la introducción de elementos antrópicos sobre paisajes rurales de alta calidad que pueden repercutir negativamente en las actividades económicas actuales y modifican el escenario vital de la población local, generando competencia en los usos del territorio y conflicto entre sus usuarios.

- La tramitación fragmentada de muchos proyectos, con evidente interconexión entre ellos, es un problema detectado en la actualidad, implica la pérdida de la necesaria visión global de cómo ordenar la implantación y el desarrollo de fuentes de energía renovable en el conjunto de Aragón.

El autoabastecimiento y los proyectos de generación distribuida a nivel local puede ser el modelo más adecuado para impulsar en nuestro medio rural. Permitiría generar economías de escala donde el protagonismo, la inversión y el beneficio de la misma sería desarrollado por las administraciones, los habitantes y las actividades económicas del territorio. Supondría mejoras indudables para la red de distribución de energía a nivel local y aumentaría los puestos de trabajo especializados y nuevas oportunidades económicas aprovechando la energía producida en la zona.

Es el momento de hacer hogar, paisaje y futuro, afrontando la necesidad de la transición energética pero evitando sacrificar y subastar de esta manera nuestro territorio.

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