Aragón, Derechos y Libertades

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Joaquín Palacín, presidente de Chunta Aragonesista y portavoz en las Cortes de Aragón.

Desde los años setenta del siglo pasado el aragonesismo ha realizado, cada veinte de diciembre, sendos actos de homenaje, reconocimiento y reivindicación de los acontecimientos que tuvieron lugar en esa fecha icónica en nuestra “historia cuatribarrada”.

Dos elementos diferenciales para reflexionar con motivo de este día: Somos un país que se define por el Derecho. La institución del Justicia es muestra y ejemplo. Aragón fue capaz de crear y consolidar un mecanismo propio, con todas las circunstancias de la época medieval, de control sobre el poder absoluto por el que establecer toda una serie de garantías para la población.

Igualmente cabe recordar como el pueblo aragonés se aglutinó por defender lo suyo, lo propio, sus fueros y libertades, ante lo que era un incumplimiento flagrante de esos derechos. La reacción ante el agravio intolerable demuestra la relevancia del “contrafuero” producido. La indignación provocada en Aragón pesó más que el temor a enfrentarse contra el mandatario con mayor poder militar y político de la época.

Son dos aspectos que, en este momento de la historia, nos deberían conducir a una reflexión sobre lo esencial que resulta mantener y renovar nuestra voluntad política de ser, de querer seguir siendo, del orgullo por nuestra propia historia. Debemos ser capaces de proseguir en esa tarea de articular nuestro futuro e ir conformando nuestra propia arquitectura de autogobierno. Tenemos la obligación política de tratar de aunar esfuerzos compartidos, por encima de intereses particulares, para construir el mejor proyecto de futuro para Aragón.

El modelo de Estado está nuevamente en cuestión. Aragón se juega su futuro. Debemos ocupar el lugar que nos corresponde y para lograrlo es imprescindible un gobierno construido sobre la defensa del Estatuto de Autonomía, con el convencimiento del inmenso potencial de los servicios públicos esenciales y también de la capacidad para contribuir a articular un modelo económico con mayor justicia social.

Nos merecemos más. Necesitamos, debemos, ser más reivindicativos porque se han aprovechado de nuestra reconocible lealtad institucional para seguir profundizando en las políticas del desequilibrio territorial. Sin una financiación justa seguiremos poniendo solo parches y remiendos. Disponer de un poder político real permitiría a Aragón adoptar todas esas decisiones que sí necesitamos.

Ahora, sin embargo, la tendencia política, lejos de avanzar en la necesaria cogobernanza, viene actuando como siempre, sin contar con Aragón, pensando más en intereses partidistas o en cómo resolver otros problemas ajenos a los nuestros.

Lo hemos visto “por activa” en cuestiones, por ejemplo, como la ley de vivienda, pensada más para los problemas de Madrid o Barcelona, sin consultar con nuestro Gobierno, o con la gestión del Ingreso Mínimo Vital donde se ha desaprovechado la experiencia aragonesa en esta cuestión. Sin olvidar que Aragón era el único territorio en todo el Estado que pagaba por disponer de servicios de ferrocarril entre varias comunidades autónomas, incumpliendo lo dispuesto en la propia Constitución. Si no fuera suficiente, ahora hay un proceso abierto de recentralización “por pasiva”. Dicen que nos dan el control de la pandemia, pero sin dotarnos de los instrumentos legales necesarios. De este modo, los tribunales han limitado al Gobierno de Aragón la decisión de implantar instrumentos como el pasaporte covid. Ni hacen, ni dejan hacer.

En esa línea de poner freno al autogobierno: ¿cuándo va a transferir el Gobierno de España las veinte competencias todavía pendientes desde la última reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón, hace ya la friolera de catorce años?, y ¿cuándo se va a cumplir con la denominada “Deuda Histórica” del Estado con Aragón, cifrada en más de 7.000 millones de euros? No podemos olvidarla. Y más ejemplos de la política de esta indiferencia a nuestras demandas: ¿cómo es posible que de las nueve autovías proyectadas para nuestro territorio, por parte del Gobierno de España, ni una sola esté concluida íntegramente? Cuatro de ellas siguen, a estas alturas, en sus trámites previos, después de tantas décadas reclamándolas. Ahora vienen con la “recarga” del peaje por el uso de estas infraestructuras, pasando por encima del rechazo mostrado por el Gobierno de Aragón. Pretenden aislar más a las zonas que precisan y necesitan de otras políticas para la revitalización del territorio.

Días como éste nos recuerdan lo que somos, nuestras carencias y demandas, nuestro deseo de ser Aragón. Debemos reflexionar sobre lo que queremos alcanzar: ese país garante de derechos y libertades. Adaptarnos a unos tiempos nuevos, donde las decisiones tomadas por nuestro Gobierno permitan que ninguna persona, de ningún lugar, se quede atrás; donde el aragonesismo, lo verde, lo digital, lo social, el feminismo y la atención a la diversidad conformen el modo, la manera y el objetivo de nuestra praxis política diaria. Un proyecto hecho desde aquí, con nuestra gente, para todo Aragón.