El Feminismo nos hace libres

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Isabel Lasobras, Secretaria General de Chunta Aragonesista

Este nuevo 8 de marzo tendremos otra oportunidad más para reclamar por los derechos y libertades de las mujeres en Aragón y en todo el mundo. Una reivindicación que debería ser constante todos los días, de todos los meses, de todos los años. Una demanda en la que deberíamos implicarnos todas porque el futuro depende de los compromisos políticos, sociales y personales adquiridos en el presente.

Noor Ammar Lamarty, activista feminista de Tánger, explica, perfectamente, cuál es la situación global y local de las mujeres: “No nos tapamos, nos tapan. No nos rendimos, nos oprimen. No aceptamos el maltrato, nos maltratan. No callamos, nos silencian. No cedemos, nos castran las fuerzas. No nos cansamos, nos anulan. No dejamos de luchar, nos encierran. No morimos, nos matan”.

Es indudable que estamos asistiendo a una situación mundial de vulnerabilidad, de incumplimiento flagrante de los Derechos Humanos, como no habíamos conocido en décadas, al menos en Occidente. Comprobamos el lamentable discurso de menosprecio a lo que somos las mujeres, donde los valores machistas avivan “fuegos sociales y políticos nada fatuos” que debemos ir “apagando con la poderosa fuerza de nuestras razones”.

Si faltaban motivos para denunciar y/o exigir, acumulamos ahora la petición de paz frente a la invasión rusa de Ucrania. ¡Maldita guerra! Además, debemos recordar que la condición de mujer siempre ha supuesto incrementar la tragedia inherente a cualquier desastre bélico. Basta con revisar como los tratados de derecho internacional humanitario contienen disposiciones especiales destinadas, precisamente, a proteger a las mujeres en la guerra, en particular contra los actos de violencia sexual.

Sin embargo, ante estas evidencias los negacionistas de lo evidente son capaces de mostrar una absurda osadía permanente, sea cuestionando, con lacerantes palabras, la propia existencia de la violencia machista o de minusvalorar los graves efectos, demostrados por la ciencia, ante el cambio climático o de enfrentarse, sin rubor, a las recomendaciones de vacunarse para intentar frenar, cuanto antes, la pandemia.

Esta agrupación aberrante en su discurso político, impropio de los más esenciales valores democráticos, está impidiendo, por ejemplo, los habituales acuerdos institucionales ante esta fecha en las propias Cortes de Aragón, muestra de cómo y cuán lejos ha llegado el discurso de quienes abanderan estos antónimos de las ideas de igualdad y justicia social.

¿Acaso han disminuido los problemas de las mujeres para promover semejante desafección con la realidad? No, no son muy distintos ni menores. De hecho, los recientes datos nos indican que Aragón ocupa el segundo lugar en el Estado con mayor brecha salarial. Un problema que, acumulándose en el tiempo, afectará a la percepción de unas pensiones dignas durante la etapa de la jubilación. La violencia machista y la vicaria siguen, lamentablemente, presentes en nuestra sociedad, las cargas de los cuidados de nuestros menores y mayores recaen, por mayoría aplastante, en las mujeres y observamos, igualmente, como apenas lideramos grupos de investigación en la Universidad…

Entonces, ¿por qué crece el número de adhesiones ciudadanas a este cortejo tan denigrante basado en la antipolítica? La cuestión ideológica de fondo se va estructurando socialmente con el apoyo del autoritarismo político y viceversa. Dispone de una parcela de representación que deberíamos ir desmontando. ¿Cómo hacerlo? Desde una praxis política nueva, adaptada a estos tiempos, construida desde los valores básicos de la democracia. Necesitamos comprometer todavía más en esta tarea a las personas ya convencidas, dialogar con quienes han caído en el cansancio del escepticismo, educar en valores de igualdad a las personas más jóvenes y contraponer con todos los datos y los mejores argumentos posibles a quienes amparan estas ideas involucionistas.

Sin olvidar el factor clave de las instituciones públicas, representantes de la soberanía. Deben, debemos ser ejemplo permanente de este nuevo “contrato social” por la igualdad de las mujeres. Aprobando políticas de corresponsabilidad real, legislando por el derecho a un empleo digno para todas las personas en cualquier lugar del territorio, proponiendo la puesta en marcha de planes de igualdad, aplicando, sin dudas, el Pacto de Estado contra la violencia machista. Sin olvidar el necesario impulso a unas políticas educativas con perspectiva de género, abogando también por las políticas de reinserción social y laboral para las personas víctimas de estas agresiones y también para las que sufren la tortura de la explotación sexual…

Sí, queremos que Aragón sea el país de referencia en derechos para las mujeres. Hagámoslo posible porque la libertad y la igualdad se lograrán desde el feminismo.