08 Ene CHA: cuarenta años de coherencia frente a la hipocresía del bipartidismo
Isabel Lasobras Pina, Secretaria General de Chunta Aragonesista (CHA)
Hay partidos que se envuelven en el lenguaje del feminismo, mientras sostienen estructuras que lo traicionan. Organizaciones que convierten el 8 de marzo en un ejercicio de marketing político, que acumulan protocolos y declaraciones solemnes, pero que se muestran incapaces de actuar con firmeza cuando el machismo irrumpe en sus propias filas. Frente a tanto fariseísmo, Chunta Aragonesista lleva décadas transformando el compromiso feminista en derechos reales y en políticas públicas eficaces.
Que el PSOE y el PP se lancen acusaciones cruzadas cuando estallan los escándalos, no debe ocultar una evidencia incómoda: los dos partidos tienen fallos estructurales en la gestión de la violencia machista dentro de sus propias filas y en la credibilidad de sus políticas públicas.
En los últimos meses han aflorado audios, denuncias internas y dimisiones que han puesto en jaque la narrativa de “liderazgo feminista” de quienes falsamente lo proclamaban.
Los casos que han rodeado a cargos vinculados al PSOE —filtraciones de audios y denuncias por acoso sexual, explotación sexual, etc.… y otras actitudes profundamente machistas han sido toleradas, minimizadas o directamente silenciadas durante años. Y así ha sido en un partido que se ha venido autodenominando de “izquierdas”. El PSOE ha perdido cualquier autoridad moral para erigirse en referente feminista. Ha legislado, sí, pero ha fallado en lo esencial: en limpiar sus propias estructuras, en escuchar a las mujeres cuando el agresor estaba dentro y en actuar con la misma contundencia que exige hacia fuera. Ha preferido proteger carreras políticas, controlar daños y administrar silencios antes que asumir responsabilidades profundas. Ese feminismo selectivo, que se desmorona cuando incomoda al poder, no es feminismo: es propaganda.
Mientras el Partido Popular no sólo no representa ninguna regeneración frente al descrédito del PSOE: se alimenta de él. Hace caja política con la caída del socialismo en materia de feminismo, explota su crisis ética y convierte la indignación social en rédito electoral, sin haber limpiado antes su propia casa. El PP no combate el machismo estructural; lo espera agazapado, calcula el desgaste del adversario y recoge los restos. No hay ruptura, hay continuidad. No hay alternativa, hay oportunismo. Mientras el PSOE se hunde por tolerar el abuso, el acoso y la cosificación de las mujeres en su entorno, el PP asciende sin cuestionar las mismas dinámicas de silencio, protección del poder y desprecio a las víctimas.
Es el mismo sistema con distinto logotipo, y las mujeres vuelven a quedar relegadas a daño colateral de una batalla partidista que nunca las tuvo como prioridad. Los nombres son conocidos y no admiten equidistancias: Koldo, Ábalos, Cerdán, Salazar en el entorno del PSOE; Feijóo, Alfonso Rueda o Alfonso Villares en el del PP. Distintas siglas, mismo patrón.
Esa es la verdadera cara del bipartidismo: discursos feministas hacia fuera y complacencia hacia dentro. Una hipocresía política que convierte el feminismo en propaganda y que degrada la democracia, porque no hay igualdad posible allí donde se tolera el abuso, se normaliza el consumo de mujeres o se calla ante el acoso sexual por razones de conveniencia partidista.
Cuando citamos nombres —Koldo, Ábalos, Cerdán, Salazar, Feijoo, Rueda, Villares— no lo hacemos por afán de linchamiento sino para poner en evidencia que las figuras relevantes del PSOE y PP están íntimamente ligadas a episodios que revelan problemas sistémicos. Los hechos públicos —audios, dimisiones, canales internos que han devenido ineficaces— obligan a un diagnóstico claro: el problema no es sólo un nombre, es una cultura que permite impunidad y minimiza el sufrimiento.
Hace falta transparencia, protocolos efectivos, investigación independiente y sanciones que vayan más allá de la purga estética. Exigimos responsabilidades políticas y penales cuando proceda; exigimos que las organizaciones políticas desmonten cualquier práctica interna que silencie o minimice las agresiones. La pasividad o la complacencia ya no son opciones.
Chunta Aragonesista, justo ahora que celebra sus 40 años de existencia, no renuncia ni renunciará a denunciar todas las agresiones machistas, a impulsar políticas públicas de igualdad y a trabajar para que ninguna mujer quede desprotegida, independientemente del color político del agresor. Esa es la diferencia entre la retórica y la práctica: mientras algunos ocupan portadas con discursos que luego se desinflan, Chunta Aragonesista sostiene desde hace décadas una batería de propuestas locales y autonómicas para mejorar la prevención, la atención y la reparación.
El bipartidismo ha mostrado, con demasiada frecuencia, que cuando el escándalo amenaza, lo primero que hacen es proteger estructuras y, sin embargo, lo que corresponde es proteger a las víctimas.
Frente a este panorama de hipocresía, cálculos electorales y cobardía política, Chunta Aragonesista no duda ni se esconde, no utiliza el feminismo como etiqueta ni como escudo coyuntural: lo practica, lo defiende y lo sostiene incluso cuando incomoda. Lo ha hecho durante cuarenta años, en Aragón y desde Aragón, sin mirar a otro lado, sin jerarquizar a las víctimas según el carné del agresor y sin sacrificar los derechos de las mujeres en el altar del poder. Mientras otros partidos callan, minimizan o negocian el machismo, CHA lo nombra, lo denuncia y lo combate. Esa es la diferencia esencial: para CHA el feminismo no es una estrategia, es una línea roja. Y no se cruza.