Cuando las prioridades municipales se desdibujan

José Manuel Latorre, portavoz de CHA en el Ayuntamiento de La Almunia de Doña Godina y del Grupo Provincial de CHA en la Diputación de Zaragoza


El presupuesto de un ayuntamiento no es solo una relación de cifras: es una declaración de prioridades. Por eso resulta legítimo —y necesario— cuestionar el excesivo gasto que el Ayuntamiento de La Almunia de Doña Godina destina al denominado proyecto CES, al que se asignan 182.000 euros del presupuesto municipal.
Según los datos económicos disponibles, en el año 2025 el gasto total asociado al proyecto ascendió exactamente a 171.021,56 euros, destinados a la atención de 582 animales a través del Refugio municipal. Esto supone un coste medio de 293,85 euros por animal atendido, una cifra muy elevada en términos de eficiencia del gasto público, especialmente si se tiene en cuenta que el refugio no cuenta con autorización administrativa ni está legalizado.


Un gasto estructural y continuado


El desglose del gasto anual permite comprender la dimensión real del proyecto:
Personal: 48.699,27 €

Alimentación: 68.059,48 €

Servicios veterinarios: 36.832,25 €

Inversiones en refugio y equipamientos: 3.140,93 €

Limpieza y mantenimiento: 5.207,95 €

Otros gastos imputados: 6.908,44 €

Energía eléctrica: 1.658,64 €

Formación y sensibilización: 472,75 €

Impuestos imputados (IAA–ICA): 41,85 €

El total asciende a 171.021,56 euros anuales, lo que equivale a más de 14.250 euros mensuales destinados de forma continuada a un proyecto que, además, no cumple sus objetivos iniciales ni se desarrolla sobre una infraestructura legalizada.

Un coste desproporcionado para el municipio


La Almunia de Doña Godina cuenta con 7.955 habitantes y un presupuesto municipal de 8.568.091 euros. Esto significa que el proyecto CES supone:
Un coste aproximado de 21,5 euros por habitante y año,

Casi el 2 % del presupuesto municipal total, destinado a un único programa.

Estas cifras resultan especialmente llamativas cuando se comparan con la escasez de recursos destinados a áreas estratégicas como juventud, cultura, mantenimiento urbano o cuidado del arbolado, que afectan de manera directa al conjunto de la ciudadanía.


El fracaso del modelo participativo


El proyecto CES nació con una finalidad loable: la sensibilización y la educación ambiental y ciudadana en materia de cuidado animal, apoyándose en la implicación social y el voluntariado. Sin embargo, este objetivo ha fracasado de forma evidente. Actualmente no existe voluntariado activo, debido a una deficiente gestión de la participación ciudadana por parte de la responsable municipal, que ha sido incapaz de articular un proyecto abierto, transparente y colaborativo.
Como consecuencia directa, el Ayuntamiento asume un elevado gasto de personal, junto con costes veterinarios, de alimentación, suministros, mantenimiento e inversiones continuas, configurando un modelo de gasto estructural, creciente y difícilmente sostenible, más aún cuando se realiza sobre un refugio que sigue siendo ilegal.


Una necesaria valoración política


Desde una perspectiva política responsable, resulta imprescindible exigir una racionalización inmediata del gasto público destinado al proyecto CES. No es aceptable mantener un desembolso anual superior a los 170.000 euros sin una evaluación rigurosa, sin objetivos cumplidos y sin un marco legal adecuado.
Es urgente abandonar las inversiones en un refugio que continúa siendo ilegal y replantear en profundidad la gestión de las colonias felinas distribuidas por todo el municipio, cuyo modelo actual genera un despilfarro de recursos que podrían destinarse a otras áreas prioritarias.
Asimismo, resulta imprescindible poner en marcha un proyecto serio, real y evaluable de educación y sensibilización sobre el cuidado animal, que recupere el espíritu original del CES y apueste por la prevención y la responsabilidad ciudadana.
Del mismo modo, debe impulsarse un verdadero programa de voluntariado, transparente y bien gestionado, que permita reducir costes, implicar a la ciudadanía y garantizar una atención ética y sostenible a los animales, sin recurrir de forma permanente a gastos de personal irregulares ni a inversiones continuas sin planificación.
Gobernar implica priorizar, planificar y rendir cuentas. La Almunia de Doña Godina necesita políticas públicas equilibradas, legales y responsables, que no hipotequen recursos esenciales para ámbitos como la juventud, la cultura o el mantenimiento del entorno urbano.
Porque el compromiso con el interés general se demuestra gestionando con rigor cada euro del dinero público.



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