14 Ene La trampa de Tucídides: cuando el miedo gobierna Aragón
Isabel Lasobras Pina, Secretaria General de Chunta Aragonesista (CHA)
La historia no se repite, pero rima. Tucídides, al analizar la Guerra del Peloponeso, concluyó que el conflicto fue inevitable por una razón esencial: el miedo de Esparta ante el ascenso de Atenas.
Siglos después, esa intuición ha sido formulada como la llamada trampa de Tucídides: cuando un poder establecido percibe que otro crece y amenaza su hegemonía, el temor acaba condicionando sus decisiones hasta conducirlo al error. Esta teoría, pensada para explicar grandes conflictos internacionales, resulta hoy sorprendentemente útil para entender la política aragonesa y, en particular, la actitud del Partido Popular ante sus ex – compañeros de Vox.
El Gobierno de Jorge Azcón no ha gobernado desde la seguridad de un proyecto propio, sino desde la inquietud permanente. El crecimiento de los discursos de la ultraderecha ha activado en el PP una lógica defensiva que lo empuja a mirar más a su derecha que a la ciudadanía aragonesa. Como Esparta ante Atenas, el PP teme perder su posición dominante y responde con mimetismo, renuncias y silencios estratégicos.
Desde CHA observamos con preocupación cómo ese miedo se ha traducido en estos años en una acción de gobierno cada vez más pobre y más subordinada a los marcos ideológicos de la extrema derecha. El PP de Azcón ha optado por competir con Vox en su terreno, asumiendo parte de su discurso o evitando confrontarlo abiertamente. El resultado es una derecha atrapada en su propia trampa: cuanto más se acerca a Vox, más legitima sus planteamientos y más debilita su capacidad de gobernar para la mayoría social.
Esta deriva tiene consecuencias concretas. Se percibe en el retroceso de las políticas de igualdad, en la falta de ambición social, en el debilitamiento de la defensa del autogobierno y en la ausencia de una voz firme frente a discursos que cuestionan derechos consolidados y la pluralidad territorial.
El Gobierno de Aragón ha avanzado sin rumbo claro, paralizado por el cálculo electoral y condicionado por el temor a incomodar a su competidor más radical.
La trampa de Tucídides no conduce a la estabilidad, sino al conflicto y al declive. En Aragón, ese conflicto no adopta la forma de una guerra abierta, sino la de una erosión lenta pero constante de la calidad democrática y del proyecto colectivo. Gobernar desde el miedo nunca ha sido una buena estrategia, y mucho menos cuando lo que está en juego es el futuro de un país diverso, solidario y con identidad propia.
Frente a esta política del temor de las derechas, CHA defiende una alternativa clara: valentía democrática, compromiso con el autogobierno, políticas sociales, educativas y sanitarias poderosas y una defensa sin complejos de los derechos y libertades. Aragón necesita un gobierno que mire hacia adelante, no uno que viva pendiente de su sombra.
Romper la trampa exige liderazgo, convicciones y respeto por la ciudadanía. Mientras los líos de las derechas sean predominantes, Aragón seguirá perdiendo oportunidades. Y la historia, una vez más, nos recordará que el mayor peligro no es el adversario que crece, sino el miedo que paraliza.