Teruel se “quironiza”

Javier Carbó, Secretario Territorial de CHA en las comarcas turolenses y candidato número 1 por la circunscripción electoral de Teruel en las elecciones a las Cortes de Aragón

“Externalizar guardias no es solo reconocer el fracaso de la política sanitaria del Gobierno de Aragón en Teruel, es cumplir el objetivo político del PP”. Esta afirmación no es retórica. Es la constatación de una estrategia que ya se ha aplicado en otras lugares con gobiernos de las derechas y cuyos efectos son sobradamente conocidos.

La decisión de la Gerencia del Sector Sanitario de Teruel de licitar la externalización de las guardias médicas en servicios como Ginecología, Anestesia y Urología del Hospital Universitario Obispo Polanco, por cerca de 200.000 euros durante once meses, no responde a una urgencia puntual. Responde a un modelo político que renuncia a fortalecer la sanidad pública y opta por derivar recursos al sector privado.

La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que haya profesionales disponibles para cubrir guardias a través de empresas privadas y no para hacerlo dentro del sistema público? La respuesta es clara: porque no se ofrecen condiciones dignas, estabilidad ni incentivos reales, mientras que las empresas privadas sí los ofrecen, aunque sea a costa de pagar cifras desorbitadas con dinero público. Se llega a pagar hasta 2.350 euros por una guardia en día festivo, mientras se mantiene la precariedad en las plantillas públicas.

Este camino no es nuevo. Madrid-Ayuso, tanto monta, lleva años aplicando un modelo de privatización sanitaria, con hospitales públicos gestionados por grupos como Quirón, caracterizado por mayor coste, opacidad y pérdida de control público. En Valencia, el llamado modelo Alzira demostró que privatizar no mejora la eficiencia y que recuperar lo público resulta caro y complejo. En Baleares, la externalización de servicios sanitarios ha generado conflictos laborales y deterioro del servicio.

Ante este contexto, surge una preocupación legítima: el Gobierno de Aragón tiene previsto abrir un nuevo hospital en Teruel. Y la pregunta que nos hacemos es evidente: ¿será este el modelo que se pretende aplicar para ponerlo en funcionamiento? , ¿un hospital nuevo, pero con servicios esenciales externalizados, plantillas inestables y dependencia del sector privado desde el primer día?

Las consecuencias ya se están viendo. La externalización de guardias rompe la continuidad asistencial, debilita la coordinación entre equipos y afecta directamente a la calidad del servicio. Además, genera un agravio inaceptable entre profesionales del mismo hospital: personal de la sanidad pública con peores condiciones convive con profesionales externos que cobran mucho más por el mismo trabajo. Esa desigualdad provoca desmotivación, enfrentamientos internos y fuga de talento, perjudicando de nuevo al paciente.

La sanidad rural necesita planificación, inversión y compromiso político real. Teruel no necesita hospitales nuevos con modelos viejos y fracasados. Externalizar guardias no es una solución técnica inevitable: es una decisión política consciente, y marcará el futuro de la sanidad pública en las comarcas turolenses.



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