Urgencias contra la violencia machista

Isabel Lasobras Pina, Secretaria General de Chunta Aragonesista

El 25 de noviembre nos recuerda la lacra más cruel y persistente: la violencia machista. No es solo un día de conmemoración; es un llamamiento urgente a la denuncia, a la acción y a la transformación profunda de nuestra sociedad.

No se trata de un conflicto doméstico aislado ni de un problema ocasional. La violencia machista es la manifestación más brutal de una desigualdad estructural: un terrorismo cotidiano que asesina, mutila y anula la dignidad de las mujeres por el mero hecho de serlo.

Los datos oficiales son estremecedores: desde el 1 de enero de 2003 hasta hoy, 1.333 mujeres han perdido la vida víctimas de violencia de género. Negar esta realidad, como han hecho ciertos espacios políticos y sociales, equivale a ponerse del lado de la agresión.

Resulta inaceptable el intento de rebautizar esta violencia como “intrafamiliar”, como si se tratara de un conflicto doméstico cualquiera. Invisibilizar la raíz de la agresión —la desigualdad de poder— es un ataque directo a la democracia y a la vida de las mujeres.

El aumento de denuncias y el auge del negacionismo entre la juventud muestran que nuestro sistema preventivo falla. La lucha contra la violencia machista no puede limitarse a sancionar; debe centrarse en la prevención, en la educación y en la protección integral.

Frente a esto, la prevención educativa y social se vuelve indispensable. La educación sexual y afectiva con perspectiva de género debe estar garantizada en todos los niveles educativos en Aragón, construyendo desde la infancia una cultura del consentimiento y del respeto. Al mismo tiempo, la sensibilización social debe ser constante: campañas, programas y acciones que promuevan masculinidades igualitarias y movilicen a los hombres como agentes activos en la erradicación del machismo.

La protección debe ser integral y con arraigo territorial. Los servicios deben acercarse a quienes los necesitan, superando las limitaciones de la despoblación. Niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia vicaria deben recibir asistencia psicológica inmediata y acompañamiento especializado. La vida y la seguridad de las mujeres y de la infancia no pueden depender de presupuestos insuficientes ni de la improvisación de recursos.

La detección temprana y la formación especializada son fundamentales. Todo el personal de justicia, seguridad y salud debe recibir capacitación obligatoria en perspectiva de género, con protocolos claros para valorar riesgos y actuar de manera efectiva.

Ninguna persona condenada por violencia de género puede tener acceso a trabajar con menores. Solo con un enfoque proactivo y coordinado podremos honrar la memoria de las víctimas y proteger a quienes hoy resisten.

La lucha contra la violencia machista no es una batalla secundaria: es la lucha por la dignidad democrática de nuestro país. En Aragón, nuestro compromiso es firme, decidido e innegociable.



Ir al contenido