CHA apuesta por mesas de diálogo con el territorio para conjugar los intereses de las empresas eólicas y fotovoltaicas y la protección del paisaje

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Estos nuevos proyectos han generado preocupación en zonas donde hasta ahora no se habían instalado previamente, pero también en lugares donde ya conviven con estas instalaciones y temen una excesiva densificación. “Es comprensible que el sector turístico del Matarranya y el Maestrazgo se sienta amenazado, llevan trabajando durante mucho tiempo en una estrategia de desarrollo basada en el turismo patrimonial y de naturaleza que podría verse seriamente afectada si no  se tiene en cuenta el impacto socioeconómico y ambiental, y la convivencia con sectores ya existentes”, ha valorado Palacín.“Los beneficios económicos de estos proyectos son importantes, pero debemos ponderar los efectos positivos con los negativos, valorar alternativas de ubicación, modular el tamaño de los proyectos y buscar el menor impacto posible en zonas de alto valor ambiental”, señala Salvador.

El presidente de CHA cree que hay que valorar el impacto de estos proyectos sobre la economía local existente y las infraestructuras turísticas desarrolladas en el territorio, como la red de senderos y miradores paisajísticos. “Hay que establecer mesas de diálogo con las administraciones locales, para que la toma de decisiones sea consensuada en el territorio y los agentes sociales y económicos participen en el debate y tengan la información necesaria”.

A este impacto hay que añadir el que producen los tendidos propuestos de evacuación de la energía, la ubicación del punto de enganche a la red eléctrica, la ocupación del suelo o los movimientos de tierra generados, como explica el secretario territorial: “No es lo mismo construir megaproyectos eólicos o fotovoltaicos junto a carreteras nacionales o autovías, que plantearlos en zonas de alto valor natural”. Y añade: “Una buena planificación permitiría un menor impacto sobre el paisaje, una mejor gestión de la energía, una mayor distribución del recurso y la mejora del servicio de suministro eléctrico, especialmente en el ámbito rural”.

Joaquín Palacín ha puesto en valor la aportación que hacen estas zonas por sí mismas a la lucha contra el cambio climático, como los bosques  sumideros de CO2, la biodiversidad, la agricultura y la ganadería  local o las cabeceras de los ríos de la montaña mediterránea. “Debería  ser cuantificada y valorada en su justa medida”. “Apostamos por las energías renovables aprovechando el viento y el sol, que son fundamentales para combatir el cambio climático. Pero los nuevos proyectos presentados hay que estudiarlos con prudencia y valorar sus afecciones futuras, especialmente en espacios de alto valor natural que pueden verse degradados si no se actúa con sensibilidad y precaución”, señala Chema Salvador.

Joaquín Palacín ha reclamado “alternativas al modelo actual para que estos proyectos sirvan para mejorar las líneas de distribución energética y el suministro de las zonas rurales”, primando los intereses de la zona sobre los empresariales, y no para evacuar la energía a zonas urbanas alejadas donde se encuentra la demanda de consumo. Exigimos respeto y diálogo para el territorio”, ha finalizado.