Reverdecer Zaragoza para vivir mejor

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Chuaquín Bernal, presidente de CHA-Zaragoza

Zaragoza es hoy tristemente conocida en los espacios de información meteorológica por marcar temperaturas de récord, más propias de otras latitudes. Termómetro que sufren todavía más aquellas personas que no tienen bien aisladas sus viviendas, quienes viven en barrios sin apenas arbolado en sus calles o en aquellos distritos donde campan a sus anchas el hormigón y el asfalto. Dos de los grandes aliados del calor urbano que se dejan sentir aún más en los barrios abandonados de la capital aragonesa.

Para Chunta Aragonesista, las medidas del Gobierno municipal para combatir las olas de calor, cada vez más frecuentes y largas, son poco eficaces, claramente escasas y cortoplacistas. En la Plaza del Pilar, los grupos políticos, algunos de ellos abiertamente negacionistas del cambio climático, siguen debatiendo sobre obviedades, mientras sus actuaciones se centran en campañas publicitarias que nos hablan de bosques inexistentes. Un puro espejismo para tratar de ocultar los miles de alcorques vacíos a la espera de arbolado en nuestras calles, que no solo nos darían vida y sombra, sino que son valiosísimos para recuperar espacios para el peatón, mitigar el calor, reverdecer nuestros barrios y descarbonizar nuestra ciudad.

Lo realmente sorprendente es que los pocos árboles que está plantando el Ayuntamiento de Zaragoza son, en un buen número, de especies exóticas, y además están siendo ubicados en solares en los que los vecinos demandaban huertos urbanos sociales y que han sido reconvertidos con un criterio más paisajista que medioambiental.

Sin embargo, las chapuzas en la capital aragonesa no acaban aquí. El equipo de gobierno del PP y C’s, quizá guiado por los “consejos del primo de Rajoy”, se esfuerza en construir plazas duras como la de Santa Engracia, en llenar de flores el parque durante cuatro días mientras que no reponen el arbolado en nuestras calles, en no apoyar, como es debido, la utilización de los vehículos de movilidad personal, en descartar la línea dos del tranvía que une barrios de manera eficiente y sostenible, en no reclamar la línea dos de cercanías para unir Zaragoza con Huesca y en no dar apoyo a quienes viven en viviendas mal aisladas en barrios donde se siente aún más el calor.

La guinda de este pastel de despropósitos es la reciente instalación en la calle Delicias de unos toldos costosísimos, incapaces de mitigar el calor durante el día y que complican la salida del mismo por la noche, creando así una sensación de efecto invernadero. Zaragoza necesita menos hormigón y toldos de plásticos. Es imprescindible un plan real y consensuado para reverdecer la capital y disfrutar de un aire más limpio.

Tenemos que poner fin a las plazas y calles duras y a los patios hormigonados de los colegios públicos.

Comenzando este reto por la mismísima Plaza del Pilar, dado que en verano deja de ser el salón de la ciudad para convertirse en una parrilla. Desde el consistorio hablan de cambio climático, sin darse cuenta de que lo hacen desde el “kilómetro cero” del proceso de desertificación de Zaragoza, una plaza dura como pocas, inhóspita para propios y para las personas que nos visitan. Por este motivo, desde Chunta Aragonesista proponemos renaturalizarla, en lo posible, como ejemplo para el resto de espacios urbanos, mediante la instalación de árboles en maceteros gigantes o de vegetación en pérgolas. Una solución que ya aplican ciudades europeas y que permitiría combinar los actuales usos de la plaza con el reto de contribuir a mitigar el calor y reverdecer nuestra ciudad.

Consideramos prioritario que la capital de Aragón trabaje con el objetivo de mitigar, localmente, el efecto de las “olas de calor” mediante la creación de auténticos “oasis climáticos” en entornos públicos. Acciones que deben enmarcarse en un plan integral a medio plazo que incluya la movilidad, la renaturalización de espacios, la mejora de la habitabilidad de los edificios y la lucha contra la pobreza energética.

Mientras, el único paraíso que está construyendo el alcalde es uno para los suyos, donde lo público se va desmantelando, buscando en exclusiva el beneficio particular frente al bien común. Estamos a tiempo de revertir esta situación y de crear la Zaragoza que queremos, socialmente justa y resiliente al cambio climático.